Cuando vemos a un crío sucio hasta las cejas, resulta normal que sus padres se tiren de los pelos ante el espectáculo. El niño llegará a casa con una sonrisa de oreja a oreja, pero a los padres les dará un auténtico patatús. Sin embargo, esta acción, que pudiera ser una fuente de infecciones para los pequeños, según los científicos no solo no sería mala, sino que –aunque parezca un contrasentido– sería incluso necesaria.
Llama la atención la gran cantidad de casos graves de alergia que, durante los últimos años, viene afectando tanto a niños como a adultos. ¿Qué está pasando aquí? La contaminación ambiental, los productos químicos que absorbemos por una u otra vía, en definitiva, la falta de condiciones salubres, parecen ser la respuesta, pero los investigadores piensan diferente y se han focalizado, justamente, en nuestros hábitos de higiene, especialmente en los niños. Nos duchamos cada día, nos lavamos las manos continuamente, lavamos la ropa varias veces por semana, fregamos el suelo con asiduidad, etc. Todo ello con el fin de evitar las enfermedades. La higiene personal, por tanto, la hemos llevado al extremo y, si bien es necesaria una cierta higiene, resulta que estamos limpiando demasiado, hasta el punto de llegar a afectar a nuestro propio sistema inmunitario.







